viernes, 25 de julio de 2008
miércoles, 23 de julio de 2008
14. Narración épica: La Tormenta de Al Fatah
El viejo pastor vio desde la colina cómo las nubes se arremolinaban en el cielo vespertino como dragones blancos sobre un lago de fuego, abriendo sus fauces para devorar el día. Del Norte llegaba el aliento gélido de la montaña boreal, y el sonido de la luz pagana tronaba sobre la tierra como un tambor de guerra antes de la batalla. El bosque comenzó a respirar para cubrir de bruma las lomas, desapareciendo ante la inmensa llanura. Un ejército del cielo rasgó las nubes y descargó su furia clavando infinitos dardos de cristal sobre la tierra, y como estrella fugaz recorrió los valles en busca de la tierra prometida antes de llegar al mar. Los antiguos árboles habían sido talados y el gran abeto del desierto, solemne e imperecedero, vio caer sus hojas por el peso de los siglos. Sus semillas esparcidas no encontraban agua para germinar, y el campo santo se deleitaba con su muerte y absorbía toda el agua para dar frutos de oro y construir el gran becerro. Las lágrimas de los pájaros cautivos tras la muralla del cazador formaban un lago de tristeza y esperanza, pero los hijos de éste lanzaban piedras al agua, y sus ondas de odio se extendían hasta la orilla consumando las horas de paz. Más allá del valle, el fantasma de ojos verdes cautivaba a las naciones imperiales para conseguir de ellas munición con que cargar el rifle del profeta Sión, y desterrar las malas hierbas que nacieron en su jardín antes de que lo vedara. Sin embargo, las flores palestinas perduran escondidas esperando repoblar de nuevo la campiña, y aunque el sol que las guiaba yazga en poniente, una nueva estrella alumbrará su destino en la temible noche y derribará el muro.
lunes, 21 de julio de 2008
13. Ni dioses ni estados, la tortilla de patatas
Recuerdo una iluminación que tuve en el colegio. Nada especial por cierto, más que por el contexto en que tuvo lugar. Estábamos viendo un aburrido documental sobre los presocráticos y el origen de
lunes, 14 de julio de 2008
12. Prefacio del Cuadro de Dorian Gray
El artista es creador de belleza.
Revelar el arte y ocultar el artista es la meta del arte.
El crítico es quien puede traducir de manera distinta o con nuevos materiales su impresión de la belleza.
La forma más elevada de la crítica, y también la más rastrera, es una modalidad de autobiografía.
Quienes descubren significados ruines en cosas hermosas están corrompidos sin ser elegantes, lo que es un defecto.
Quienes encuentran significados bellos en cosas hermosas son espíritus cultivados. Para ellos hay esperanza.
Son los elegidos, y en su caso las cosas hermosas sólo significan belleza.
No existen libros morales o inmorales.
Los libros están bien o mal escritos. Eso es todo.
La aversión del siglo XIX por el realismo es la rabia de Calibán al verse la cara en el espejo.
La aversión del siglo XIX por el romanticismo es la rabia de Calibán Al no verse la cara en un espejo.
La vida moral del hombre forma parte de los temas del artista, pero la moralidad del arte consiste en hacer un uso perfecto de un medio imperfecto. Ningún artista desea probar nada. Incluso las cosas que son verdad se pueden probar.
El artista no tiene preferencias morales. Una preferencia moral en un artista es un imperdonable amaneramiento de estilo.
Ningún artista es morboso. El artista está capacitado para expresarlo todo.
Pensamiento y lenguaje son, para el artista, los instrumentos de su arte.
El vicio y la virtud son los materiales del artista. Desde el punto de vista de la forma, el modelo de todas las artes es el arte del músico. Desde el punto de vista del sentimiento, el modelo es el talento del actor.
Todo arte es a la vez superficie y símbolo.
Quienes profundizan, sin contentarse con la superficie, Se exponen a las consecuencias.
Quienes penetran en el símbolo se exponen a las consecuencias.
Lo que en realidad refleja el arte es al espectador y no la vida.
La diversidad de opiniones sobre una obra de arte muestra que esa obra es nueva, compleja y que está viva.
Cuando los críticos disienten, el artista está de acuerdo consigo mismo.
A un hombre le podemos perdonar que haga algo útil siempre que no lo admire. La única excusa para hacer algo inútil es admirarla infinitamente.
Todo arte es completamente inútil.
Oscar Wilde
miércoles, 9 de julio de 2008
11. Anécdota: a oscuras
Desperté de un sobresalto. Abrí los ojos pero no vi nada. Volví a cerrarlos y me tapé por completo con la manta. Sentí el calor que abrigó toda mi piel con un cosquilleo, respiré el olor a cama, primitivo, cálido, propio de la vigilia o la modorra, un olor que despertaba una emoción primaria, casi animal. Bostecé y me fui desperezando: estiré los pies, luego las piernas, pero casi sin moverme; los brazos, la cabeza. Dejé escurrir todos mis miembros por la sábana, como si capturasen su calor y suavidad. Moví la mano derecha despacio, en círculos, para adormecerme con el sonido balsámico que producía, áspero pero delicado. La calma se llevó mi consciencia.
Desperté de nuevo, esta vez de forma natural y tranquila, como un aterrizaje a cámara lenta. Tanteé la pared en busca del interruptor y por unos segundos imaginé formas en el gotelé, seguí con las yemas el contorno de los huecos y los salientes, y percibí rostros informes y animales extraños. Caí de repente en la cuenta de que el interruptor no estaba, llevaba sin estar ahí desde que hicieron mis padres la obra, hace seis años. Aparté la manta con la mano derecha y con un movimiento mecánico giré mi cuerpo y puse los pies en la alfombra. Me incorporé. La oscuridad era total ¿Qué hora sería? Arrastré los pies despacio y de lado, como una tijera, con las pantorrillas pegadas al colchón y los brazos en cruz. Ahora el olor a cerrado se me antojaba denso, quería llegar hasta la ventana para abrirla y respirar aire puro. Me pareció enorme la distancia hasta que toqué la cortina. La descorrí y busqué el picaporte, con la izquierda hice fuerza en el cristal, que estaba frío y húmedo, y con la derecha tiré hacia atrás; luego tiré con fuerza de la correa de la persiana, escuché con claridad el chirrido, y noté en la cara una ráfaga de aire fresco. Pero no vi nada. Todo seguía oscuro.
Sentía los ojos pesados, con legañas. Me froté con intensidad hasta que me dolieron, pero seguía sin ver. No obstante percibí un débil resplandor, junté los párpados y vi una luz tenue a lo lejos. Supuse que se habría producido un apagón general en todo el barrio, pues vislumbraba aunque con dificultad, como sombras geométricas, las siluetas de los edificios y de algún árbol en la calle. No había luna ni estrellas que alumbrasen y pensé que el cielo seguiría nublado como cuando me acosté. El aire estaba cargado y húmedo y escuché el canto de un pájaro en la distancia. ¡Bruto! Exclamé. ¡Vamos! ¡Ven aquí! Oí el sonido de las pezuñas de mi perro sobre el parquet y luego noté su lomo en mis rodillas. Le palpé hasta encontrar su cabeza y le acaricié detrás de las orejas, parecía de lana. En ese momento se me ocurrió bajarle a la calle a oscuras, sentí vértigo ante la sensación de caminar a tientas con mi perro por el parque. Me pareció una de esas ocasiones especiales que no vale la pena desperdiciar por la comodidad de la cama o el miedo a lo inútil. Así pues, me decidí.
Giré hacia el interior de mi habitación, di un par de pasos al frente y paré. Estiré los brazos y me incliné para tocar el aire, por fin mi mano izquierda rozó los vaqueros que había dejado encima de la silla. Apoyado con un sólo dedo sobre ésta, lo justo para medir la distancia, me desplacé hacia delante con la mano derecha aún extendida y di con el marco de la puerta, lo agarré y solté la otra mano. De repente me pareció absurda la idea de bajar a la calle y opté por ir a la cocina a buscar una vela y ya de paso comer algo. Apoyé una mano en cada pared del pasillo y seguí recto. Cuando con la mano derecha toqué la puerta del salón me detuve y eché los brazos al frente. La puerta de la cocina estaba entornada, empujé y entré con seguridad. Nada más entrar sentí cómo pisaba sobre un líquido caliente mientras un olor ácido invadía mis fosas, seguido de otro un poco más suave pero el doble de pestilente. Sin duda mi perro se había meado y yo lo acababa de pisar. Me lamenté de no haberle bajado la noche anterior. Después de gritar todo tipo de insultos y blasfemias levanté el pié y permanecí pensativo a la pata coja. Pero me impedía concentrarme el continuo jadeo que provenía de la oscuridad, como si se tratara de la respiración de ésta. ¡Cállate, coño! Grité irritado a mi perro. En un acto de hacer de tripas corazón pisé el meado y avancé un paso hasta el mueble de los cubiertos y de los platos. Atiné a la primera y abrí el cajón correcto, hurgué y saqué un vela sin usar y un mechero. Prendí la mecha y al instante se alumbró la estancia. El charco de pis ocupaba media cocina. Salí deprisa y, a la pata coja para manchar menos el pasillo, fui hasta el baño, que estaba al final, al lado de mi cuarto. Lavé primero un pie y luego el otro en el bidé, y luego las manos de forma compulsiva. Entré en mi habitación y me senté en la cama con la vela sujeta con una mano. En ese momento una repentina ráfaga de aire apagó la llama y me dejó otra vez a oscuras. Pero lo más ridículo de todo es que con las prisas por salir de la cocina, después de encender la vela, había dejado el mechero sobre el aparador.
martes, 8 de julio de 2008
10. Cuento breve: El Presidente
Había una vez un presidente muy poderoso de un país muy grande. Su mayor pretensión era proteger a su pueblo de los peligros externos. Por eso gastaba gran parte del dinero del estado en armamento para la paz y la seguridad. Quería asegurarse de que ningún otro país pudiera atemorizar a sus pobres y desvalidos ciudadanos, e investigaba los países que más miedo le daban para averiguar el tipo de armamento que poseían. Tan preocupado estaba que, aunque no encontraba las armas, por si acaso, los invadía y mataba a sus militares, y también a muchos civiles con sus esposas e hijos, no fuera que se trataran de milicianos disfrazados. Su preocupación crecía y ya no sólo le preocupaban las amenazas terroristas, sino que empezó a temer por las catástrofes naturales. Tanto era así, que llegaron a sus oídos noticias sobre un bosque de grandes dimensiones que corría peligro de incendiarse, y para evitar tal desgracia decidió por el bien de todos y su seguridad talar ese bosque.
Al cabo de unos años, poco antes de dejar su cargo de presidente, pronunció un discurso en el que aseguraba haber logrado sus expectativas: dijo a sus ciudadanos que se tranquilizasen porque ya no habría nunca más incendios, pues ya no quedaban árboles; que no habría más pobreza, pues los pobres habían muerto de hambre y S.I.D.A; ya no habría más terrorismo, pues sólo él poseía armas de destrucción masiva; y ya no pasarían frío pues tenía todo el petróleo del mundo para calentarse; en definitiva, que había logrado traer la paz y la prosperidad a su pueblo.
lunes, 7 de julio de 2008
9. Espiral
Y escribir con la pluma del tiempo
Las letras, en la línea, de su historia.
Vuela en espiral por alcanzar su sombra
Y ser los dos uno en su vigilia postrera.
Presto el auriga persigue el instante;
Y en su ávido esfuerzo se demora
Por más que cabalga su conciencia.
(Quiere ser su corcel el mundo).
Roba su luz a las estrellas mudas:
El viento arranca de su mirada turbia
Negras lágrimas que las acallan.
Más, de todas, quemó su iris la más bella,
Punto de plata sublime en el firmamento;
Su mente y su montura entregadas al olvido,
Su cuerpo inerte la verdad oculta.
sábado, 5 de julio de 2008
8. Crítica
Nuestra época es, de modo especial, la de la crítica. Todo ha de someterse a ella. Pero la religión y la legislación pretenden de ordinario escapar a la misma. La primera a causa de su santidad y la segunda a causa de su majestad. Sin embargo, al hacerlo, despiertan contra sí mismas sospechas justificadas y no pueden exigir un respeto sincero, respeto que la razón sólo concede a lo que es capaz de resistir un examen público y libre.
Immanuel Kant (Crítica de la razón pura. Prólogo de la primera edición; A XI, s)
viernes, 4 de julio de 2008
7. Más allá del mito de la caverna en voz naif: el artista.
I
"Escucha papá. Yo nací en esta habitación. Durante toda mi vida me habéis enseñado que esto de aquí es una cama, eso una mesilla, aquello una estantería; que el suelo es de parqué, y las paredes son blancas; me habéis mostrado cómo desenvolverme en cada rincón y cómo utilizar cada objeto, y que la habitación unas veces está encendida y otras apagada; me habéis dicho que más allá de la puerta hay otras estancias con gente; y me habéis demostrado que sois muy flexibles y liberales al enseñarme que hay más colores con los que puedo pintar la pared, y que puedo cambiar de sitio los muebles a mi antojo, pero que la gente se pelea porque hay algunos que quieren que todas las habitaciones sean iguales; también hay una ventana, que suele estar cerrada, y en ocasiones la abrís para airear la habitación, pero nunca me dejáis asomare, y nunca os he visto hacerlo a vosotros, siempre me decís que no se ve nada, que sólo hay niebla, y que muchas personas creen que cuando vas a morir viene un hombre de negro y te saca sin que te des cuenta.
Pero papá, el otro día me armé de valor y salté por la ventana; al principio no veía muy bien, pero al caminar un rato una luz muy brillante me deslumbró; pude ver que mi habitación era parte de una casa, y que la luz que me había alumbrado toda mi vida era sólo una bombilla; vi que en las calles había más edificios y, ante mi sorpresa, descubrí que todos eran diferentes, que había algunas casas que no usaban muebles, y otras sólo tenían un piso; y me encontré con otras personas que también se habían escapado; y créeme que había jardines y parques, que son como las plantas de las macetas de mi habitación pero que brotan del suelo y son mucho más grandes y numerosas, y de muchas clases diferentes.
Te doy las gracias por haberme enseñado a sobrevivir en casa, y volveré cada noche a dormir, tranquilo; pero he decidido salir cada día a pasear un poco por las infinitas calles del exterior. Sin embargo siento pena, pena de aquellos que nunca se han asomado y obligan a sus hijos a vivir en su cuarto, aunque les dejen cambiar los muebles y pintar las paredes; tal vez ellos hayan vivido más años y sean expertos carpinteros de sus alcobas, y me parece bien que aconsejen para no tropezar con la cama o el sillón, igual que les ocurrió a ellos en su juventud; siento lástima, pues creen que no hay nada más allá de las paredes; y siento más lástima aún de los que creen que lo que hay fuera es divino y sobrenatural".
_ ¿Y qué te dijo tu padre?
_ No comprendió nada, o al menos eso me pareció.
_ Je, je, je, el mío dijo que eso no era el mundo, que la realidad es la casa.
_ Al menos a mí me dio permiso para salir de vez en cuando.
_Qué suerte, yo me tengo que escapar a hurtadillas. Por cierto, ya es tarde, vámonos a casa antes de que anochezca.
_ Qué afortunados somos de conocer la calle.
_ Sí, yo me siento vivo fuera de la caverna. ¿Tú no? ¿Por qué estás tan cabizbajo?
_ ¿Recuerdas cuando descubriste la bombilla de cien Wattios que iluminaba tu cuarto? ¿Cuando te diste cuenta de que no había por qué dormir en la cama? Aprendimos que los tratos dentro de la casa eran convencionales. ¿Pero qué hay de los tratos en la calle? ¿Te has preguntado alguna vez si el Sol es otra bombilla?
_ Venga, no pienses tanto y vámonos.
_ Eso me dijo mi padre cuando le conté lo que te he dicho antes.
_ Entonces hemos vuelto al principio.
_ Supongo.
_ ¡Joder! ¿Cuál es entonces la diferencia entre la casa y la calle?
_ ¿La hay?
_ No lo sé.
_ Ni yo.
_ Vamos, hace frío.
_ Vete tú, yo me quedaré un rato más, quiero terminar de escribir una cosa.
_ ¿De qué se trata? ¿Es otra de esas cavilaciones tuyas que no las entiende ni dios?
_ Si existiera un dios capaz de comprenderlas, al hacerlo se estaría negando a sí mismo.
_ Sí, sí, lo que tú digas. A ver léemelo y ya nos vamos.
_ Escucha:
“Soledad.
El suspiro de la tarde resbala sobre las hojas de los viejos árboles; y el olvido de la lejana infancia se extiende sobre las tierras como la bruma de una mañana de invierno. ¿Qué pasado hay en las almas destinadas a correr hacia su destino? Es como el recuerdo del agua en un día caluroso, que no llega a calmar la sed, pero da fuerzas para llegar hasta la fuente. Mas una vez allí no ves más que tu reflejo sobre el agua ondulante y pasajera, como fantasma de la historia, o jinete del devenir, y el esperado trago no será más que la fotografía difusa aunque aliviante de un presente incierto y fugaz”
_Vale, vale, para, que no entiendo nada, mira que eres pedante.
_Calla y escucha un momento, por favor.
_Pero…
_Un segundo, y no me interrumpas, que es serio.
_Bueno, a ver, y ya nos vamos.
_Sigo:
“Sentado sobre unas peñas fronterizas con la eternidad, te separa un vacío angosto a un lado y al otro el bosque impenetrable de la verdad. Por temor al precipicio escoges imbuirte en aquel zarzal, imaginando llegar hasta el céntrico claro, templo de la sagrada luz. No hallarás más que otra fuente, otro mar. Comprenderás que no hay luz ni verdad; tan sólo el camino abierto en la sombra con tus manos heridas de vida portadoras de libertad, con sus dulces llagas, a veces dolorosas, y nada más. No camines a tientas buscando la llama del consuelo; ilumina los oscuros senderos con tu mirada erótica que se enciende a cada paso y prende las dormidas antorchas del futuro ¡Camina!”
_ Nada, que no me entero.
_ Pues que tomamos la calle como el esperado claro de un bosque después de haber estado perdidos entre la maleza.
_ ¿Y acaso no lo es?
_ Creo que la cuestión no está en la calle en sí, sino en saltar por la ventana y caminar.
_ Pues venga, camina, que me estoy congelando. Ya seguiremos hablando mañana.
_ Ve yendo, ahora te alcanzo.
_ Tú mismo. Nos vemos.
_ Adiós.
Creo que será mejor dejarlo como está. ¡Uf! ¡Qué frío! En fin, me imaginaré que yo soy el Sol y así estaré calentito.
¡Espera!
6. Melancolía
jueves, 3 de julio de 2008
5. Microcuento: Fuego
Carlitos quería por encima de todo ser capaz de convertirse en fuego, como su superhéroe preferido. El día de su cumpleaños, cuando trajeron la tarta, lo deseó con todas sus fuerzas. Cuando sopló la vela, se evaporó en el aire al tiempo que desaparecía la llama, y nunca más volvieron a saber de él.
miércoles, 2 de julio de 2008
4. EL ARTE
El arte es el alma humana, su representación física e intelectual, y también oscura.
Es el puente que une las mentes y las emociones.
Es el vértigo y el valor transmisible, y a veces el horror dominado y bello: es lo sublime.
Es el único vuelo humano y la manifestación estética de su libertad.
3. FUGA EN CLAVE DE TÓPICO NOCTURNO (por enésima vez)
Dentro de la ciudad, lejos de los colosos brillantes de luces neónicas, entre las callejuelas empedradas y escondidas plazas, transformado en una leve ráfaga de aire me dejé llevar mientras la noche fría se derramaba sobre los rincones. Me uní primero a una melodía que reptaba sinuosa desde una ventana abierta, iluminada por un tenue murmullo de luz. Trepé a través de las notas y me colé en su interior, apagando la vela que había en la mesa donde estaba un cansado poeta, que buscaba la inspiración en el fondo de un vaso de absenta. La camarera le observaba distraídamente, reposando sus curvas insinuantes sobre la barra desgastada. Me dirigí hacia ella, con delicadeza moví sus cabellos, y envolví su cintura y sus senos haciéndole estremecer, susurrando en su oído: “déjate llevar”. Salí por una rendija de la sombría puerta para dar a unos escalones que terminaban en plazuela. Allí un joven compartía su primera botella de vino con una muchacha, que le observaba ingenua, embelesada por sus nobles pensamientos. Pasé en medio de los dos, y ante el escalofrío que produje en ella, él le cedió su cazadora enamorándola del todo. Luego me distraje en seguir el sonido de unos pasos tranquilos, alcancé al que los producía y me metamorfoseé en pensamiento mezclándome con los suyos: era un músico absorto en concluir una partitura, que caminaba perdido buscando encontrarse con su alma gemela, y hallar en sus ojos la última melodía. Salí de allí en forma de suspiro y volví a mi condición de aire. Después de hacer algunos remolinos entre las hojas caídas, llegué al pórtico de una vieja iglesia. Vi que, envuelto en su abrigo raído, descansaba un hombre solitario, y sus manos sostenían un papel tembloroso. Pasé inadvertido. Tomé una calle estrecha y la recorrí a gran velocidad, para desembocar en un parque y sentir cómo mi cuerpo se expandía y agitaba las copas de los árboles. Observé que en la penumbra de uno de ellos, dos labios sedientos se fundían en un cálido beso. Sin darme cuenta, la mañana asomó tras los chapiteles de la catedral. Los rincones comenzaron a llenarse de una débil claridad, y sentí mi cuerpo más pesado y frío, y me acurruqué en un portal mientras volvía a mi forma humana. Mi poder había desaparecido y decidí volver a casa para refugiarme del día, y arroparme con el recuerdo de la acogedora noche. Dediqué los días siguientes por entero a dar forma a un desgarrador poema, una melancólica canción y una sincera carta.martes, 1 de julio de 2008
2. Cambio de cibercuaderno
1. Presentación
Hola.