lunes 4 de mayo de 2009

¡PERO HOMBRE, MÍRESE USTED EL BOLSILLO!


A medida que pasan los años uno va adquiriendo cierta conciencia histórica, y después de asomarse al infinito océano del pensamiento, o más bien, de la historia de éste, se descubre sin necesidad de demasiadas entendederas que los mismos errores, las mismas esperanzas y las mismas decepciones, se repiten una y otra vez a lo largo de los siglos. Éste mismo párrafo, con su mejor o peor retórica, aparece enésimas veces diluido entre los textos de cada autor y de cada época, por lejana o próxima que nos quede. ¿Da esto pie a pensar que el ser humano es como un cachorro de perro que persigue su cola? ¿No es acaso eso mismo la historia, la continua lucha pendular para cambiar lo cambiado, o para preservar lo establecido, lo mismo da? ¿No es acaso frustrante oír como novedad todos los días estribillos archirrepetidos en novelas pasadas? ¿No escucha uno los mismos discursos vacíos de tal o cuál político que pronuncia como quien recita la lección? Y peor aún ¿no es desesperante escuchar al parroquiano de turno despotricar contra la fatuidad de la política usando como novedad las palabras textuales que nuestros queridos autores ponían en boca de sus personajes hace cien, quinientos, y hasta dos mil años, y quedarse tan ancho y satisfecho? ¿Por qué entonces sigue ocurriendo? ¿Por qué del errare humanum est sin saber latín hacemos slogan, por qué hacemos del vicio virtud? ¿Por qué se busca ingenuamente la originalidad repitiendo patrones erróneos, en vez de asumir nuestra condición de imitadores y mejorar las réplicas e incluso superarlas? De acuerdo, errar es humano, pero amigos, sólo las bestias caminan sobre sus yerros, quiero decir, hierros. Y tropezar dos, tres, cien veces en la misma piedra no es de humanos, es de bestias. Por supuesto esto no entra dentro de los debates de interés nacional, ni siquiera se plantea en las encuestas. Las máximas preocupaciones son las mismas de siempre, el eterno retorno de los problemas sociales sin tenerse en cuenta la causa de los mismos, como aquél que se queja constantemente de que se le caen las monedas al suelo, y nunca se detiene a observar que es porque se le ha roto el bolsillo del pantalón. Y así se agacha una y otra vez a recoger los céntimos sueltos que nunca dejan de caer. Y no contento con esto echa la culpa al peso de las monedas y a su mala fabricación, así como a la maldita ley de la gravedad que las hace caer. ¡Pero hombre, mírese usted el bolsillo!

A esto me responderían mis queridos personajes favoritos de la historia del pensamiento con su:”siempre ha sido así y siempre será, nada podemos hacer más que agachar las orejas y tirar palante como buenamente podamos, y a caballo regalado no le mires el diente”; o peor aún: “nosotros podemos cambiar el mundo, y debemos, pues hasta ahora todo es retro y estanco, pero nosotros por fin haremos el verdadero cambio”. Hay otro personaje, el desconocido, el observador, el oculto, el sabio, por desgracia siempre sepultado por sus compadres anteriores. ¿Para qué ponerle voz, si en cuanto hable será nuevamente olvidado por ese extraño embrujo milenario? Sí, y al igual que mi querida Casandra, condenada a predecir las cosas y nuca jamás ser creída, las palabras de este pobre se olvidan en el mismo momento de ser pronunciadas. Lástima.

Por desgracia un servidor ni si quiera se parece a uno de estos tertulianos de la historia, y tan sólo se atreve a reflexionar tímidamente sobre el asunto con mayor o menor atino, pero con extrema deleitación.

lunes 12 de enero de 2009

Jose Feliciano & Johnny Cash

viernes 5 de diciembre de 2008

* Me declaro reaccionario

En estos tiempos de buen talante, memoria histórica, educación para la ciudadanía, y aprender inglés a toda costa, se lleva mucho la cultura de camiseta, o de ping, si se prefiere. A menudo uno se encuentra con títulos pomposos pero sin chicha; con propuestas cuyos enunciados invitan al buen rollito, pero sus contenidos son como anaclerías chachis de fuxia fashion completamente vacías y llenas de polvo. Y poco falta para que hagan alguna asignatura, de ésas que están poniendo para sustituir el latín, lingua mortis (y rematada), que consista en quemar santos de cera y compartir con todos tus compañeros la sensación de liberalismo que tal hazaña implica, eso sí, sin tener en cuenta las faltas de ortografía, que eso es de fachas reaccionarios. ¡Ay Dios mío, si Don Francisco levantara la cabeza! Y no me refiero a Franco, no, que ése ya se encargó de hacer olvidar a los españoles la historia de España, sino a Giner de los Ríos, y a sus compadres de la Institución Libre de Enseñanza. Sí, aquellos locos que hacían que ser español fuera ser intelectual, científico, artista, erudito, y, sobretodo, historiador y conocedor de sus tradiciones. Aquellos que abogaban por una educación superior para gente popular y no por una educación popular para gente superior. Por eso hoy en día me he decantado por ser reaccionario, vamos, facha, de los que le dan importancia a escribir “burro” con “b”, y usan la “k” para “kilo” o “kilómetro” y no para “ke pasa kolega, kel mundo es muna kk y está lleno frankistas ke me kieren obligar a hablar el puto español” y que escriben esto en el ordenata de novecientos pavos de su viejo con cincuenta megas de ádese ele, mientras se pimplan una cocola bien fresquita y se hacen una foto para el maiespeis con su camiseta del Che marca registrada. Pero vamos que si soy reaccionario, de los que leen a Berceo y todo. También me declaro machista, ¡qué monstruo! (que no mounstro, como dicen algunos) porque me niego a decir que las miembras y miembros de este mundo son chupiguais de la muerte. Y también soy sexista, porque digo “violencia de sexo” y no “de género”. Qué paleto retrógrado soy que aún sigo creyendo que el género masculino y femenino es para las palabras y que la distinción entre hombre y mujer, varón y hembra, o como se quiera, se expresa como “sexo masculino o femenino”.

Y para rematar me declaro pepero, porque creo, y permítaseme la pelota (también peco de adulador) que unas de las pocas personas que quedan en este país con cerebro y con cojones son Reverte y Dragó, afamadísimos miembros del partido popular según la izquierda molona.

Espero que nadie se tome a mal este desahogo, y doy por hecho que ningún lector se dará por aludido con lo que se critica, si es que ha entrado en el blog a través del título, ya que el griego es cosa de viejunos. Y si no, que me critiquen a gusto, que para eso están los blogs, para hablar con rienda suelta de lo que se ignora bajo el amparo de la libertad de expresión y la firma anónima, como un humilde servidor acaba de demostrar en esta deslavazada entrada. Fin.