A medida que pasan los años uno va adquiriendo cierta conciencia histórica, y después de asomarse al infinito océano del pensamiento, o más bien, de la historia de éste, se descubre sin necesidad de demasiadas entendederas que los mismos errores, las mismas esperanzas y las mismas decepciones, se repiten una y otra vez a lo largo de los siglos. Éste mismo párrafo, con su mejor o peor retórica, aparece enésimas veces diluido entre los textos de cada autor y de cada época, por lejana o próxima que nos quede. ¿Da esto pie a pensar que el ser humano es como un cachorro de perro que persigue su cola? ¿No es acaso eso mismo la historia, la continua lucha pendular para cambiar lo cambiado, o para preservar lo establecido, lo mismo da? ¿No es acaso frustrante oír como novedad todos los días estribillos archirrepetidos en novelas pasadas? ¿No escucha uno los mismos discursos vacíos de tal o cuál político que pronuncia como quien recita la lección? Y peor aún ¿no es desesperante escuchar al parroquiano de turno despotricar contra la fatuidad de la política usando como novedad las palabras textuales que nuestros queridos autores ponían en boca de sus personajes hace cien, quinientos, y hasta dos mil años, y quedarse tan ancho y satisfecho? ¿Por qué entonces sigue ocurriendo? ¿Por qué del errare humanum est sin saber latín hacemos slogan, por qué hacemos del vicio virtud? ¿Por qué se busca ingenuamente la originalidad repitiendo patrones erróneos, en vez de asumir nuestra condición de imitadores y mejorar las réplicas e incluso superarlas? De acuerdo, errar es humano, pero amigos, sólo las bestias caminan sobre sus yerros, quiero decir, hierros. Y tropezar dos, tres, cien veces en la misma piedra no es de humanos, es de bestias. Por supuesto esto no entra dentro de los debates de interés nacional, ni siquiera se plantea en las encuestas. Las máximas preocupaciones son las mismas de siempre, el eterno retorno de los problemas sociales sin tenerse en cuenta la causa de los mismos, como aquél que se queja constantemente de que se le caen las monedas al suelo, y nunca se detiene a observar que es porque se le ha roto el bolsillo del pantalón. Y así se agacha una y otra vez a recoger los céntimos sueltos que nunca dejan de caer. Y no contento con esto echa la culpa al peso de las monedas y a su mala fabricación, así como a la maldita ley de la gravedad que las hace caer. ¡Pero hombre, mírese usted el bolsillo!
A esto me responderían mis queridos personajes favoritos de la historia del pensamiento con su:”siempre ha sido así y siempre será, nada podemos hacer más que agachar las orejas y tirar palante como buenamente podamos, y a caballo regalado no le mires el diente”; o peor aún: “nosotros podemos cambiar el mundo, y debemos, pues hasta ahora todo es retro y estanco, pero nosotros por fin haremos el verdadero cambio”. Hay otro personaje, el desconocido, el observador, el oculto, el sabio, por desgracia siempre sepultado por sus compadres anteriores. ¿Para qué ponerle voz, si en cuanto hable será nuevamente olvidado por ese extraño embrujo milenario? Sí, y al igual que mi querida Casandra, condenada a predecir las cosas y nuca jamás ser creída, las palabras de este pobre se olvidan en el mismo momento de ser pronunciadas. Lástima.
Por desgracia un servidor ni si quiera se parece a uno de estos tertulianos de la historia, y tan sólo se atreve a reflexionar tímidamente sobre el asunto con mayor o menor atino, pero con extrema deleitación.

2 comentarios:
Muy grande, Kike. El hombre nunca se mira los bolsillos, eso sería retrógrado y obsoleto XD, el hombre lo que tiene que hacer es mirar hacia adelante, adelante, adelante, como los burros...que triste.
Te dedico este fragmento de Ray Bradbury. Toma, es pa ti ;-):
"Hubo un pajarraco llamado Fénix, mucho antes que Cristo. Cada pocos siglos encendía una hoguera y se quemaba en ella. Debía ser primo hermano del Hombre. Pero, cada vez que se quemaba, resurgía de las cenizas, conseguía renacer. Sin embargo nosotros tenemos algo que el Fénix no tenía: sabemos la maldita estupidez que acabamos de cometer. Conocemos todas las estupideces que hemos cometido durante un millar de años, y en tanto que recordemos esto y lo conservemos donde podamos verlo, algún día dejaremos de levantar esas malditas piras funerarias y a arrojarnos sobre ellas. Cada generación, habrá más gente que recuerde."
besitossssh
Muchas gracias ;)
Después de leer el fragmento no puedo evitar acordarme del pobre Sísifo, subiendo una y otra vez la roca sin llegar jamás hasta la cima. O del enorme Prometeo. Y de mil más, y esto da más rabia todavía. ¡¡¡AAAAAAARRRRRRGGGG!!!
PD: ¡Y viva la pedantería! jeje
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